Referenda
Defensa

Implantar un servicio militar selectivo de estilo nórdico

por NobleHalcon4272 Publicada el 10 jul 2026 Sé el primero en comentar
— La propuesta

España tiene hoy unas Fuerzas Armadas profesionales de alrededor de 120.000 efectivos y una reserva voluntaria de apenas 3.000 personas, a las que se suman unos 11.000 reservistas de especial disponibilidad procedentes de la tropa profesional. Con esas cifras, la capacidad real de movilización del país en una crisis grave es prácticamente nula: no hay bolsa de ciudadanos con instrucción militar básica a la que recurrir, y la generación que hizo la mili hace ya un cuarto de siglo que envejeció. Mientras tanto, la guerra de Ucrania ha devuelto a Europa la evidencia incómoda de que la defensa no es un servicio que se pueda externalizar por completo: también necesita profundidad, es decir, reservas.

El resto de Europa ha sacado la conclusión y está actuando. Suecia reintrodujo la conscripción en 2017 con un modelo selectivo que incluye a las mujeres; Dinamarca las incorporó en 2025 y ampliará el servicio de cuatro a once meses; Croacia recupera la mili en 2026; Alemania ha aprobado un modelo híbrido con censo obligatorio de los jóvenes de dieciocho años y servicio inicialmente voluntario; Francia lanza un servicio militar voluntario remunerado de diez meses. España, en cambio, se ha instalado en el "no va a haber servicio militar, en absoluto", y su alternativa —una campaña de reserva voluntaria con unas centenas de plazas al año— es sencillamente incapaz de generar la masa de reservistas que cualquier planificación seria de defensa exige.

La resistencia española tiene una explicación honesta: la memoria de la mili. Para generaciones enteras el servicio militar fue tiempo perdido, destinos arbitrarios y desigualdad, y ese recuerdo envenena cualquier debate. Pero lo que se propone no es aquella mili. El modelo nórdico es su opuesto: se censa y evalúa a toda la cohorte de dieciocho años, hombres y mujeres, y de ella se llama solo a una fracción reducida, priorizando a quienes se presentan voluntarios; el servicio está remunerado, dura entre seis y doce meses, ofrece formación técnica aprovechable en la vida civil y goza de tal prestigio social que en Suecia hay más candidatos que plazas. No es un castigo universal: es una selección exigente que produce, año tras año, una reserva instruida y joven.

La propuesta es implantar en España un servicio militar selectivo de ese corte: censo y cuestionario de aptitud obligatorios para toda la cohorte al cumplir los dieciocho años; llamamiento anual de un contingente limitado —del orden de diez a quince mil plazas—, cubierto primero con voluntarios y solo subsidiariamente por sorteo entre los aptos; servicio remunerado de seis a doce meses con créditos formativos y preferencia en el empleo público; y pase posterior a una reserva activa con ejercicios periódicos de actualización. Siguiendo la lógica sueca de la defensa total, una parte del contingente podría servir en una rama de protección civil —incendios, inundaciones, emergencias como la DANA de 2024—, de modo que la inversión en resiliencia revierta también en las catástrofes que España sí sufre cada año.

No hay obstáculo jurídico de fondo. El artículo 30 de la Constitución establece que los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España, y remite a la ley la fijación de las obligaciones militares: la conscripción fue suspendida en diciembre de 2001, no abolida, y reactivarla en forma selectiva es una decisión legislativa ordinaria. Tampoco es una excentricidad social: incluso sin que ningún partido la haya propuesto ni diseñado, un 42% de los españoles ya ve con buenos ojos la vuelta del servicio militar. Y en un momento en que España se ha comprometido a elevar de forma sustancial su gasto en defensa, dedicar una parte de ese esfuerzo a reconstruir la reserva —el componente más barato y más democrático de la defensa— es más sensato que concentrarlo todo en plataformas y material.

Un servicio selectivo bien diseñado daría a España lo que hoy no tiene: una reserva real y joven que respalde a los profesionales, capacidad civil organizada frente a las emergencias climáticas, y un vínculo renovado entre la sociedad y su defensa, repartido con criterios iguales para todos en lugar de descansar solo sobre quienes eligen la carrera militar. Los países nórdicos demuestran desde hace años que se puede tener conscripción selectiva con prestigio, eficacia y apoyo social. Lo que no se puede es seguir fiando la seguridad de un país de cuarenta y ocho millones de habitantes a tres mil reservistas voluntarios.

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